María Izquierdo, una pintora tapada por los muralistas

Fue la primera mexicana en tener una muestra en EE UU y su obra, colorista y expresionista, la convirtió en una de las figuras más representativas del arte del país en el siglo XX. Sus compañeros pensaron que su obra mural debía ser relegada a escuelas o mercados por ser mujer

Las olvidadas de América

María Izquierdo
Una pintora tapada por los muralistas

Beatriz Guillén

En San Juan de los Lagos, un pequeño poblado de Jalisco, una Virgen María milagrosa atraía a los peregrinos cada año desde el siglo XII. Allí, en una fecha dudosa —consensuada en 1902 pero que podría haber sido 1907— nació María Izquierdo, que convirtió los colores de las ferias mexicanas en una obra pictórica que la llevó a exponer en casi todo el mundo y a ser la primera mexicana en hacer una muestra en Estados Unidos. “Nunca escatimé esfuerzo, tiempo ni trabajo para mi única obsesión: servir a México a través del arte”, escribió en una de sus últimas cartas en 1953.

Huérfana de padre, casada a los 14 años con un militar mucho mayor que ella, divorciada pese al escándalo, madre de tres hijos, María Izquierdo fue una pintora prolífica, profesora, defensora del arte hecho en su país y militante incansable en empujar el trabajo de las mujeres.

La artista se trasladó con su familia a Ciudad de México e ingresó con 25 años en la Academia Nacional de Bellas Artes. En una exposición de la escuela, el entonces director Diego Rivera declaró que los tres cuadros firmados por M. Izquierdo eran “lo único de valor” de la muestra. El impulso de Rivera la condujo a completar su primera exposición en solitario en la recién fundada Galería de Arte Moderno en 1929.

Un años después, Izquierdo viajó a Estados Unidos a exponer en el Arts Center de Nueva York y se convirtió en la primera mexicana en tener una muestra en el país. “María tenía una pincelada muy suelta, muy expresiva, una fuerza muy importante, con trazos muy decididos, contornos y líneas de pronto gruesas, pero sobre todo un manejo de color muy espectacular, que hace su arte muy llamativo”, define Deborah Dorotinsky, doctora en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México. La propia artista escribió en 1947 sobre su obra: “Poseo una verdadera pasión por el color: es lo que más me emociona de todas las cosas que existen”. La pintora tocó todos los temas: retratos, escenas circenses, paisajes o naturaleza muerta, con relevancia de los llamados altares de dolores. “Me esfuerzo para que mi pintura refleje al México auténtico que siento y amo”.

Las protagonistas de sus obras eran mujeres audaces, fuertes, diestras, valientes. Estos rasgos no reflejan los estereotipos de la época sobre las mexicanas, que incluían la abnegación, el pudor o la pureza. “Eran cualidades típicamente atribuidas a los héroes masculinos retratados en los murales mexicanos”, escribe en su ensayo la investigadora de la Universidad de Texas Nancy Deffebach.

Su separación final con los muralistas se hace tangible en 1945. Cuando Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros bloquean un mural que a Izquierdo le había encargado el Gobierno en una escalera del Palacio del Distrito Federal. Iba a tener 154,86 metros cuadrados y un coste de 34.843 pesos. A punto de comenzar con la obra, los muralistas concluyeron que Izquierdo “estaba poco ejercitada en la práctica del fresco, por lo que era preferible cambiarla a algún otro edificio de menos importancia”, recoge Dina Comisarenco en su libro Eclipse de siete lunas. Mujeres muralistas en México. Pensaron que su obra estaría mejor en una escuela o un mercado, los lugares donde debían pintar las mujeres.

Este episodio hundió emocional y económicamente a María, quien nunca llegó a recuperarse. “Pintaría al fresco si me dieran la oportunidad para ello, pero hasta ahora solo confían esos trabajos a los maestros varones, campo que me ha sido negado en mi propio país”, declaró después.

Murió en diciembre de 1955 de una embolia, enferma y pobre. En una de sus últimas cartas, escribe al entonces presidente de la República Adolfo Ruíz Cortines para pedirle una ayuda económica que le permita volver a la pintura, de la que llevaba años apartada por una parálisis total que le hizo perder, en sus palabras, lo poco que había ganado con su obra. En este escrito, triste y desesperado, María encuentra el valor para reconocerse como lo que había sido: una de las artistas mexicanas más destacadas y representativas del siglo XX. “Sé que es mucho lo que pido, pero me atrevo a hacerlo consciente de haber dedicado con absoluto desinterés casi un cuarto de siglo al arte en México”.

Izquierdo nunca se reconoció a sí misma como feminista, pero en una entrevista en la radio en 1939 reclama la igualdad efectiva entre hombre y mujeres: “Solamente ahora se le empieza a dar oportunidad a la mujer para que desarrolle su talento, por eso no me extraña que no haya igualado todavía a los maestros inmortales de la pintura. Pero creo que si la mujer sigue conquistando más y más libertad de expresión, llegará tan alto en las artes plásticas, ¿por qué no?”.

Este perfil forma parte de ‘Olvidadas por la historia’, una serie que recupera la figura de mujeres pioneras y adelantadas a su época que fueron ignoradas o minusvaloradas.

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Sobre la firma

Beatriz Guillén
Reportera de EL PAÍS en México. Cubre temas sociales, con especial atención en derechos humanos, justicia, migración y violencia contra las mujeres. Graduada en Periodismo por la Universidad de Valencia y Máster de Periodismo en EL PAÍS.

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