Claudette Colvin, la primera afroamericana en no ceder su asiento en el autobús

Nueve meses antes de que Rosa Parks se negara a levantarse del asiento de un autobús en Alabama, una adolescente hizo lo mismo y fue detenida por violar las leyes de segregación racial. Pero su rostro no fue el que pasó a los libros de historia.

Las olvidadas de América

Claudette Colvin
La primera afroamericana en no ceder
su asiento en el autobús

Antonia Laborde

Claudette Colvin hizo historia en un autobús de Montgomery (Alabama) cuando tenía 15 años. El 2 de marzo de 1955, un conductor obligó a la joven afroamericana a cederle el asiento a una mujer blanca, pese a que había tres más disponibles. Ella se negó mientras gritaba que tenía derecho a estar ahí sentada. Dos policías la arrastraron violentamente a la parte trasera del vehículo, la esposaron y la llevaron detenida por violar la ley de segregación racial en la red de transportes. El acto de valentía resuena hasta hoy, pero con otro nombre como protagonista: Rosa Parks. Ella encarnó la misma hazaña, nueve meses después. Los activistas de derechos civiles no escogieron a Colvin como su símbolo de lucha porque creían que no cumplía con el perfil para la sociedad de esa época. La textura de su piel era demasiado oscura, tenía un temperamento “emocional” y unos meses después del arresto quedó embarazada de un hombre casado.

El agente que escribió el reporte policial de la detención a Colvin dejó algunas casillas incompletas, pero no la de nacionalidad: “negra”. El pastor de la iglesia a la que acudía la estudiante pagó la fianza horas después. En su juicio, la joven se declaró “no culpable” pero el tribunal falló en su contra y quedó en libertad condicional. Los medios cubrieron la proeza de la estudiante y un reverendo no muy conocido por entonces, llamado Martin Luther King, salió en su defensa.

La organización por los derechos de los afroamericanos (NAACP) llevaba años pensando cómo acabar con la segregación en los autobuses de Montgomery y estaba en busca de un icono. Pensaron en Colvin, pero enseguida la descartaron por su carácter, su edad, y porque consideraron que una futura madre soltera podía atraer demasiada atención negativa en una batalla legal pública y poca empatía de la comunidad negra conservadora y de los blancos.

Después de su arresto, la secretaria de la NAACP, Rosa Parks, la contactó para que se uniera a la organización y se volvieron cercanas. Cuando, en diciembre, la activista se negó a ceder su asiento, suscitó el revuelo que se lee hoy en los libros de historia. Los medios de comunicación de la época publicaron que “otra” mujer negra había cometido “el mismo” delito que Colvin. Pero la madre de la joven le recomendó quedarse callada y dejar que fuera Parks la que simbolizara la lucha, ya que el color de su piel, más claro que el suyo, iba a apaciguar las críticas de los blancos. El de Parks era el rostro de una mujer de clase media, más educada y casada, mientras que ella era una adolescente que había crecido entre animales en una granja en Pine Level, a 50 kilómetros de Montgomery.

Colvin fue madre en marzo de 1956. Ese mismo año, ella fue una de las cuatro afroamericanas que presentaron una demanda ante un tribunal federal en el caso ‘Browder v. Gayle’, que acabó con una sentencia del Tribunal Supremo que anuló las ordenanzas de segregación en el transporte público. El boicot a los autobuses de Montgomery por parte de la comunidad negra dio alas al movimiento de derechos civiles encabezado por King que cambió la historia de Estados Unidos. Colvin se enteró por las noticias del veredicto: ningún abogado la llamó. Dos años después, en las sombras, la veinteañera se mudó a Nueva York. Allí sigue a sus 81 años. Trabajó durante más de tres décadas como auxiliar de enfermería y se jubiló en 2004. Después de abandonar su ciudad natal tuvo otro hijo. El primero falleció a los 37 años. El segundo, contador, vive en Atlanta.

Cuando el escritor Phillip Hoose investigaba para su libro ¡Nosotros también estuvimos allí! Los jóvenes en la historia de Estados Unidos (2001), le hablaron de la adolescente rebelde anterior a Rosa Parks. Finalmente, dio con Claudette Colvin, quien durante casi cuatro años se negó a conversar con él. Una de sus primeras preguntas al aceptar que escribiera un libro sobre ella fue si iba a estar disponible en los colegios. Claudette Colvin: Twice Toward Justice (2009) le terminaría dando a Hoose el Premio Nacional del Libro y a Colvin el reconocimiento por su activismo y el lugar que merece en la lucha por los derechos civiles. Aunque su nombre está lejos de ser reconocido por la sociedad estadounidense como el de Rosa Parks, su hazaña precoz ya figura en libros y hay calles en Nueva York y en Montgomery que llevan su nombre. “Sé en mi corazón que ella [Rosa Parks] era la persona adecuada” para liderar la causa, le dijo en 2009 a The New York Times.

Este perfil forma parte de ‘Olvidadas por la historia’, una serie que recupera la figura de mujeres pioneras y adelantadas a su época que fueron ignoradas o minusvaloradas

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Sobre la firma

Antonia Laborde
Periodista en Chile desde 2022, antes estuvo cuatro años como corresponsal en la oficina de Washington. Ha trabajado en Telemundo (España), en el periódico económico Pulso (Chile) y en el medio online El Definido (Chile). Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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