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Covid y tabaco: de la caída en su consumo a mayor incidencia entre fumadores

En España hay un 1,4% menos de fumadores que antes de la pandemia. La mala noticia: aunque la covid afecta con más severidad a quienes fuman, la dependencia de la nicotina ha llevado a muchos a volver al tabaco al poco de curarse

Un hombre enciende un cigarrillo en la calle con un mechero.
Un hombre enciende un cigarrillo en la calle con un mechero.AntonioGuillem (Getty Images/iStockphoto)

La pandemia de covid ha obligado a muchos cambios en la sociedad. Pero ni siquiera el riesgo a contraer la enfermedad, ni las complicaciones asociadas a la misma entre fumadores, han logrado eliminar el hábito de fumar que atrapa a casi uno de cada tres españoles (27,7%). Sin embargo, este año convulso abre una ventana al optimismo: se fuma un poco menos. En concreto, un 1,4% menos que antes de la pandemia, según datos de la encuesta OEDA-Covid 2020, elaborada por el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, dependiente del Ministerio de Sanidad. “En este último año un 2,6% de los fumadores lo ha dejado por completo, mientras que un 8,1% ha disminuido su consumo de tabaco. En el polo opuesto tenemos que alrededor del 1,2% han empezado a fumar y un 5,7% fuman más cigarrillos diarios”, señala el doctor José Luis Díaz-Maroto Muñoz, responsable de Comunicación del Grupo de Tabaquismo de Semergen (Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria).

La encuesta, realizada en España entre 7.886 personas con edades comprendidas entre los 15 y los 64 años, revela otros datos interesantes. El primero es una sensible reducción en el hábito de fumar entre los menores de 24 años. No se apuntan las posibles causas, pero permanecer más tiempo bajo el techo paterno debido a los confinamientos y toques de queda, así como la práctica desaparición del ocio nocturno, podrían explicar por qué el tabaco acusa una caída más notable entre los más jóvenes. A la vez, el consumo de cigarrillos electrónicos también cae: del total de fumadores, un 3,5% fumaba cigarrillos electrónicos antes de la pandemia; a finales de 2020, era solo el 2,3%.

La fatal relación entre covid y tabaco

Ser fumador aumenta el riesgo de contraer la covid y empeora mucho su pronóstico. Son varias las razones que convierten a los fumadores en un colectivo especialmente vulnerable al virus SARS CoV-2. De entrada, al no usar mascarilla para fumar en entornos con más personas próximas, su probabilidad de contagio es mayor. Además, su organismo se lo pone más fácil al virus para instalarse y replicarse. “Se introduce en las células humanas gracias a una proteína S que interactúa con la enzima de la conversión de angiotensina II. Esta enzima se encuentra en las células pulmonares y su cómputo es mayor en pacientes fumadores y con EPOC”, explica el doctor Díaz-Maroto.

Una vez contagiados, la enfermedad tiende a mostrar cuadros más graves. “Un estudio del Instituto Nacional del Pulmón y el Corazón del Reino Unido revela que los fumadores tienen un 14% más de probabilidades de desarrollar la tríada clásica de síntomas asociados a la covid: fiebre, tos persistente y dificultad para respirar”, explica Díaz-Maroto. “Sin olvidar que parte de un sistema inmunológico ya de por sí debilitado, que incrementa su predisposición a desarrollar neumonías, producidas por el propio virus, o por sobreinfecciones bacterianas. También aumenta la posibilidad de requerir tratamiento hospitalario y de ingreso en UCI”. Por este motivo, los autores del estudio reclamaban incluir los programas de lucha contra el tabaquismo entre las medidas para contener la covid.

Los años de tabaquismo, así como la intensidad en el consumo, también juegan en contra de los fumadores. A mayor número de años encendiendo pitillos y mayor cantidad de cigarrillos diarios, peor pronóstico ante la covid: síntomas más agudos, curación más lenta y superación de los efectos secundarios de la enfermedad a un ritmo más pausado. Sin embargo, pese a haber sufrido la infección con toda su crudeza, incluidas varias semanas en UCI y una recuperación lenta y agotadora, los médicos reconocen que son muchos los fumadores que retoman el tabaco en cuanto recuperan las fuerzas para sostener el cigarrillo. “Sería una buena oportunidad para concienciarse de lo mal que se ha pasado durante la enfermedad y proponerse dejar de fumar. Pero la dependencia es tan fuerte que, incluso habiendo pasado por una UCI, vuelven a fumar en un elevado porcentaje”, señala el doctor.

Si hay tabaco, el metro y medio no basta

La separación de metro y medio entre las sillas de los comensales en las terrazas es suficiente si los clientes se limitan a hablar y comer, pero no si fuman. Cuando el fumador exhala el humo lo proyecta a mayor distancia que si solo charla o respira. Además, el humo favorece que los aerosoles que transmiten el virus se desplacen hasta los ocho metros de distancia y se mantengan durante más tiempo en el aire. “Por este motivo es muy importante que no se fume en las terrazas. Incluso en espacios abiertos”, abunda Díaz-Maroto.

Precisamente la incompatibilidad de comer o fumar con el uso de la mascarilla se ha convertido en un coladero para la picaresca de aquellos que buscan cualquier excusa para no usar el tapabocas en espacios públicos. Aunque aún es pronto para aventurar si este recoveco legal puede tener alguna influencia en un posible repunte del tabaquismo, los expertos piden medidas más restrictivas para evitar que el humo del tabaco se convierta en un nuevo vector de contagio. “Es muy importante que la legislación sea muy clara, como la ley publicada recientemente en el BOE y que ya se está matizando por la Comunidades Autónomas, respecto al uso obligatorio de la mascarilla en todos los espacios abiertos”, añade el doctor.

Apagar el cigarrillo también en casa

Las peculiares condiciones dictadas por la pandemia, como los confinamientos, la imposibilidad de grandes reuniones sociales y el teletrabajo obligado, han favorecido que muchos fumadores sociales se hayan propuesto apagar para siempre el cigarrillo. Son esas personas que se encienden un pitillo en la pausa del café de media mañana o al salir del restaurante después de comer camino a la oficina. También los que solo fuman cuando salen los fines de semana. El doctor Díaz-Maroto es claro: “La nicotina es la sustancia responsable de la dependencia física, pero hay tres clases más de dependencia: la gestual, la psicológica y la social. Cuando desaparecen esos condicionantes, es más fácil cortar con el tabaco”.

Pasada la primera etapa dura de confinamiento total, con toda la familia encerrada en las casas, numerosos trabajadores ahora desarrollan sus jornadas laborales en solitario desde sus domicilios. Sin más personas en el hogar durante buena parte del día y sin la prohibición de fumar que ya existía en las oficinas, se abre un escenario incierto en el que nadie vigila ni impide encender un cigarrillo mientras teclea ante el ordenador. “No es fácil aventurar si el teletrabajo ayudará a fumar menos o más. El tabaquismo es una enfermedad crónica y adictiva que necesita prevención, diagnóstico y tratamiento”.

Dejar de fumar solo con fuerza de voluntad no es imposible. Pero cuesta: las estadísticas revelan que el 80% recae en la primera semana. Por ello, el doctor Díaz-Maroto incide: “Es muy importante que los sanitarios traten a sus pacientes fumadores con ayuda psicológica más tratamiento farmacológico”. El proceso suele incluir terapias sustitutivas con nicotina (chicles, parches, espráis o inhaladores), fármacos que bloquean los efectos satisfactorios de esa sustancia en el cerebro y antidepresivos que inhiben la recaptación de noradrenalina y dopamina. Así se desactiva el circuito de recompensa que impulsa a fumar y se aplacan los síntomas de abstinencia. El tratamiento farmacológico suele prolongarse durante tres meses. “Se aborda en Atención Primaria y hospitales e involucra a médicos, enfermeros, farmacéuticos y psicólogos. La pandemia nos ha enseñado a hacer el seguimiento de los pacientes desde la telemedicina a través del teléfono o el correo electrónico. Pero ya sea en consulta presencial o en remoto lo importante es animar a los fumadores a pedir ayuda sanitaria para dejar de fumar de forma definitiva. Es la mejor medida en materia de salud que van a adoptar en toda su vida”.

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