¿Es recomendable que los niños se lleven deberes para casa?
Las tareas escolares en el ámbito doméstico pueden ser perjudiciales para los estudiantes, ya que más que mejorar su rendimiento, suelen sobrecargar de trabajo en los jóvenes y privarles de su tiempo de ocio, además de derivar, a veces, en conflictos familiares


Tras completar la jornada laboral, los padres se encuentran con una prórroga de obligaciones cuando los niños sacan de la mochila las tareas escolares y les tienen que ayudar. Esto no ocurre en países como Francia (desde 1956) o Bélgica (desde el año 2001), donde según su sistema educativo, los alumnos no se llevan deberes a casa. Las horas extras en el ámbito doméstico de los estudiantes pueden crear conflictos familiares, sobrecarga de trabajo y desmotivación para estudiar en los menores.
“Los padres tienen su jornada laboral y cuando llegan a casa no deberían de hacer de profesores, porque se crean tensiones innecesarias. Además, los niños ya tienen cada día las suficientes horas de estudio y, cuando salen de clase, deberían poder hacer otro tipo de actividades como deporte, jugar o ir al parque, si no se pueden agobiar y perder el interés por estudiar”, opina Susana Ogea, maestra de Primaria en la UFIL Sierra Palomeras de Madrid. “No se debería arrastrar lo que se hace en el aula fuera de ese espacio a ninguna edad, ni siquiera en Secundaria, a menos que sea alguna cosa muy puntual”, añade. “Es como si el niño que va a una clase extraescolar, como danza o pintura, llegara a casa y tuviera que continuar con la actividad un tiempo extra”, agrega.
Probablemente, España siga la dinámica de otros países europeos en cuanto a evitar los deberes en casa: “La tendencia será a reducir cada vez más las tareas escolares después del colegio, como ocurre en Bélgica o Francia”, corrobora Juan Antonio Planas, presidente honorífico de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España y presidente de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía.
“Indudablemente, en la etapa de Educación Infantil (de 3 a 6 años) es recomendable que el niño no tenga que hacer ningún trabajo extra en casa, así como durante los primeros cursos de primaria (de 6 a 10 años)”, afirma el experto. Cuando el menor cursa los últimos años de primaria, puede incluirse algún extra para realizar tras la jornada escolar, pero con determinadas características. “Habría que limitarlo a un trabajo que no sea repetitivo, que fomente la capacidad de investigación y que sea complementario al que se realiza en el centro educativo, por ejemplo, observar la naturaleza”, destaca el especialista en educación infantil, que también hace recomendaciones al respecto para la etapa de secundaria: “Lo aconsejable es que el alumno haga sus trabajos en el centro escolar, pero a esta edad se puede mandar alguna actividad para casa, siempre que no implique que el joven tenga que superar las dos horas diarias de dedicación en casa”, aconseja el experto.
Sin embargo, el paso de Infantil a Primaria marca un antes y un después con respecto al trabajo escolar a realizar fuera del colegio. “Se produce un gran salto, porque se aumenta la cantidad de tarea a edades muy tempranas y convendría plantearse si eso tiene algún beneficio para el niño o no”, advierte Belén Robles, socia fundadora del centro de psicología e inteligencia emocional Escuela Afectiva, situado en Madrid.
Los adolescentes también precisan disponer de su tiempo libre fuera del instituto. “Para estar con sus amigos en el parque y cultivar otras facetas que les gusten, como por ejemplo la música o la pintura, y si desde los centros escolares se les llena de deberes no se les da espacio para que crezcan en otras facetas de su vida”, señala Ogea. “El caso es que está normalizado que los niños lleven deberes a casa porque siempre se ha hecho así. Pero no significa que sea lo correcto”, agrega. Y, ¿qué papel tienen los padres en esas tareas? “Como mucho, los progenitores podrían supervisar la tarea, pero nada más, porque no deben actuar como mediadores o solucionadores de estas tareas escolares”, aconseja la educadora, a la vez que incide en la importancia de no hacer los ejercicios o trabajos de los hijos. “Los padres desconocen las indicaciones que el profesor ha dado en clase, por lo que es mejor no intervenir para evitar contradicciones entre ambas partes y, de paso, fomentar la autonomía del niño”, apunta Ogea.

La gestión de los trabajos académicos en casa suele generar angustia. “A las familias les provoca estrés y conflictos el hecho de que sus hijos pasen gran parte de la tarde tras salir del colegio haciendo tarea. Además, los niños llegan cansados y agobiados y no tienen tiempo para su ocio”, recalca la psicóloga Belén Robles. “En los países donde no se mandan deberes se respeta el derecho de la infancia en cuanto a que puedan tener ocio y tiempo libre. Se entiende que no todo en la vida gira en torno a cuestiones académicas y hay una visión más integral de la persona”, retoma Ogea. Esta maestra plantea un paralelismo entre adultos y niños: “Si los mayores, cuando cumplen su jornada laboral, descansan, ¿por qué los pequeños tienen que continuar con obligaciones cuando salen del colegio?”. Ella misma lanza la respuesta: “Se suele argumentar que es importante que se haga tarea en casa para coger hábito de estudio, pero eso es algo que se consigue paulatinamente y con los años”.
Hay varios modelos de padres con respecto a la hora de hacer los deberes con sus hijos. “Los que se sientan al lado para mantener un control constante sobre cómo hacerlos y los que optan por otorgar más autonomía, pero tienen dudas y se sienten culpables de que eso repercuta en el rendimiento escolar”, enumera la experta. E incide en la importancia de tener claro cuál es el objetivo de que los niños hagan deberes en casa. “En muchos casos se manda la tarea para que se lleve al colegio bien hecha y corregida, pero entonces el profesor no puede saber si se ha aprendido el contenido. Debería de darse autonomía al alumno y explicarle en el colegio lo que no hace bien de la tarea”, afirma. “Se tiende a penalizar la equivocación y, sin embargo, se debería permitir, porque se trata de aprender y no de evaluar continuamente al alumno. De esta forma, el profesor sabrá qué tiene que reforzar”, aclara la experta.
Ogea explica la importancia de no chantajear a los hijos con los deberes a riesgo de que se desmotiven. “Hay que evitar comentarios como: ’Si no haces la tarea, no vas a baloncesto’, porque puede provocar el efecto contrario y que rechace hacerla”, detalla. “En todo caso, convendría saber por qué el niño está desmotivado con el trabajo escolar”.
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