Jaime Cantizano explica en el quinto capítulo de 'Acertar con energía' cómo nos afecta la pérdida de biodiversidad.

Sostenibilidad y... ¡acción!

Más de un cuarto de las especies animales y vegetales estudiadas están en peligro de extinción. Algo que no solo pone en peligro la biodiversidad del planeta sino la subsistencia humana. Descubre con el presentador de radio y televisión Jaime Cantizano cómo nos afecta directamente esta pérdida y cómo podemos evitarla

Javier A. Fernández

El resurgir de la presencia del lince ibérico por nuestros montes es una de las mayores victorias de las políticas de conservación. En dos décadas, su población se ha multiplicado por diez y se espera que en otras dos abandone el estatus de especie amenazada. Ese camino de recuperación, aunque mucho más lento, es el que sigue el oso pardo. Hoy, más de 300 plantígrados campan por los bosques del norte peninsular, aunque hubo un tiempo, hace 30 años, en que no eran más de medio centenar. Estos renacimientos no habrían sido posible sin el trabajo conjunto de Administraciones y asociaciones, y son un ejemplo de que no todo está perdido. De hecho, hasta 48 especies de aves y mamíferos se han alejado de la extinción en todo el mundo gracias a los esfuerzos de preservación humanos desde 1993, de acuerdo con un estudio de 2020 de la universidad de Newcastle, en Reino Unido, y la ONG BirdLife International.

Seguimos, sin embargo, perdiendo especies a una velocidad entre 100 y 1.000 veces más rápida que de forma natural, según contaba a este periódico Bruno Oberle, director de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la mayor organización ambiental del mundo, en una entrevista en noviembre de 2021. En torno a 41.000 especies están seriamente amenazadas, más de un cuarto de las que la comunidad científica es capaz de evaluar.

Las consecuencias derivadas de la pérdida de biodiversidad están más cerca de nosotros de lo que parece. No solo repercute en la salud del planeta, sino también en la de los humanos. Nuestra alimentación necesita la labor de unos pequeños animales conocidos como polinizadores. Estos seres vivos son responsables de la fertilización de las flores que se convierten en los vegetales que dominan nuestra dieta, o la de los animales que luego nos alimentan, y nos proporcionan nutrientes esenciales como las vitaminas y los minerales. El 75% de los cultivos depende en buena medida de ellos, son los responsables de que dispongamos de manzanas, cerezas, tomates o aceite de girasol, entre otros miles de productos. Su extinción tendría consecuencias nefastas.

Los polinizadores no solo consiguen que tengamos a nuestra disposición estos alimentos, sino que sean de la mejor calidad. Y nos hagan disfrutar. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las plantas polinizadas adecuadamente producen frutas y hortalizas más grandes y sabrosas y en mayor cantidad. Cuando las flores de almendro son polinizadas correctamente, la proporción de vitamina E, un potente antioxidante, presente en las almendras es más alta, de acuerdo con esta institución.

Existen muchos tipos de polinizadores en la naturaleza. Los hay vertebrados, como los murciélagos, pequeños reptiles y roedores; e invertebrados, el grupo más numeroso, en el que destacan las abejas. En un día, una sola abeja melífera, las que producen la miel, es capaz de visitar 7.000 flores.

Se estima, sin embargo, que el número de estos animales está en declive. En torno al 35% de los polinizadores invertebrados y el 17% de los vertebrados corre peligro en todo el mundo, afirma la FAO. En Europa, una de cada diez especies conocidas de abejas se encuentra al borde de la desaparición, de acuerdo con los datos de IUCN recogidos por la Comisión Europea.

La pérdida de sus hábitats naturales y la agricultura intensiva, con los monocultivos y el uso de pesticidas, son dos de las razones de su desaparición. Pero también la llegada de especies invasoras con las que tienen que competir por el espacio y el alimento, y que traen nuevas enfermedades. El calentamiento global también genera problemas al modificar, por ejemplo, los periodos de floración. Proteger y garantizar la supervivencia de estas especies silvestres se convierte, según los expertos, en algo urgente.

Plantas con flor en ciudades, campos y líneas de alta tensión

La Comisión Europea proponía en 2018 en una iniciativa para proteger a los polinizadores la creación de hábitats en parques, jardines y huertos urbanos en las ciudades y la colaboración con los agricultores en las áreas rurales. Ideas que España plasmó en 2020 en su Estrategia Nacional para la Conservación de los Polinizadores. Ambos documentos promueven la creación de entornos adecuados para estos animales que aprovechen las infraestructuras de conexión como carreteras, vías de tren y tendidos eléctricos, que se extienden a lo largo y ancho del continente.

Las calles de seguridad eléctrica, por las que transcurren las líneas de alta tensión, y los terrenos que quedan por encima de los gasoductos, son espacios que se podrían habilitar cómo hábitat para estos insectos. En España hay más de un millón de kilómetros de tendidos eléctricos, una distancia equivalente a dar 25 vueltas a la Tierra, de acuerdo con la Plataforma Tecnológica Española de Redes Eléctricas (FutuRed). Estas franjas de terreno han de estar libres de árboles y grandes arbustos para evitar incendios. Sin embargo, son el lugar adecuado para que crezcan pequeñas plantas con flor, como el tomillo, la jara o la lavanda, que ejerzan de comunidades vegetales donde las abejas, las mariposas y los escarabajos se dediquen a la recolección.

Concepción Ornosa, profesora titular de Entomología de la Facultad de Ciencias Biológicas en la Universidad Complutense de Madrid, sostiene que si esos entornos se restauran con vegetación autóctona atractiva para los polinizadores puede conciliarse la necesidad de las infraestructuras con la recuperación de los ecosistemas.

En Estados Unidos, la Agencia de Protección del Medioambiente (EPA, por sus siglas en inglés) se ha propuesto aglutinar conocimiento para identificar las mejores áreas donde ejercitar la conservación de estos insectos. Esta metodología ha señalado, por ejemplo, la idoneidad de las calles eléctricas del estado de Nueva York, puesto que albergan comunidades de matorrales y pastizales que permiten el desarrollo próspero de los recolectores de polen y néctar, el alimento que muchas plantas segregan para atraerlos.

España, una flor abierta a los polinizadores

Un grupo de 34 investigadores españoles destacaba en 2019 el valor de la península Ibérica como una de las áreas con mayor diversidad de polinizadores de la Unión Europea, por su posición estratégica entre la cuenca mediterránea y la proximidad al continente africano. Pero, especialmente, como una de las zonas de mayor diversidad de abejas del mundo. En su informe Medidas para la conservación de la biodiversidad de los polinizadores silvestres en la península Ibérica, estos académicos proponían la aplicación de técnicas de agricultura sostenible como un método necesario para su protección. Pero, sobre todo, planteaban la conservación del paisaje. La manera más urgente de preservar los ecosistemas, asegura la UICN, es incrementar las zonas protegidas. Algo en lo que España va a la cabeza.

El 36,2% de la superficie terrestre y el 12,3% de la marina están protegidas, de forma que España se ha convertido en el país europeo que más espacios naturales aporta a Natura 2000, la red ecológica europea de áreas de conservación de la biodiversidad. Pero también es el Estado del mundo que más reservas de la biosfera ha delimitado: 53 territorios en total, cuyo objetivo es armonizar la conservación biológica y cultural con el desarrollo económico y social.

El compromiso empresarial con el cuidado de la naturaleza

Lago Meirama, en A Coruña, que ocupa el lugar de una antigua mina de lignito.
Lago Meirama, en A Coruña, que ocupa el lugar de una antigua mina de lignito.

Cada vez más empresas son conscientes de que su progreso va ligado al bienestar del planeta. Por eso integran la biodiversidad en el diseño y desarrollo de sus proyectos, tanto para evitar su impacto, como para mitigarlo y restaurar los entornos en los que desarrollan su actividad y que se han visto afectados. En 2020, Naturgy completó la rehabilitación ambiental del entorno de Meirama (A Coruña), donde se ha creado un lago artificial en el espacio de una antigua mina de lignito a cielo abierto, situada junto a la central térmica, que cerró ese mismo año y que será sustituida por un parque eólico.

La energética desarrolló 302 iniciativas el año pasado para impulsar la biodiversidad tanto dentro como fuera de España, el 25% de carácter voluntario, es decir, que van más allá de sus compromisos para mitigar el impacto de su actividad. En Ciudad Real, han construido varios refugios en antiguas infraestructuras eléctricas para aumentar la diezmada población de cernícalos primilla, un ave migratoria, en colaboración con varios grupos ambientales. Los 70 pollos están siendo criados en cautividad hasta que adquieran la madurez suficiente para ser liberados. 

En Ourense, ha puesto en marcha una iniciativa pionera que podría compatibilizarse con el desarrollo de los polinizadores bajo los tendidos eléctricos. Junto a entidades locales analiza cómo el ganado autóctono podría reducir la vegetación alta en torno a las calles eléctricas para sustituir al desbrozado mecánico y fomentar el pastoreo tradicional

En la Comunidad Valenciana participa, además, en un estudio para conocer el papel de los humedales, uno de los hábitats más sensibles y amenazados del planeta, frente al cambio climático. El objetivo es averiguar cuánto CO₂ son capaces de retener en función de su estado de conservación y qué medidas se pueden llevar a cabo en el suelo, la vegetación y el agua para maximizar la captura de gases.

En la producción de los vídeos de este proyecto hemos generado 0,52 toneladas equivalentes de CO2

¿Cómo se ha calculado? La huella de carbono de este proyecto, es decir, el volumen de dióxido de carbono (CO2), se ha obtenido a partir de la suma de las emisiones que se generaron a lo largo de la jornada de rodaje y las horas de posproducción.

1,2% Posproducción

98,8% Rodaje

56% Desplazamientos

41% 'Catering'

3% Consumo energético

Naturgy compensará el CO2 liberado a la atmósfera a través de la iniciativa #BuenaHuella

Créditos

Coordinación editorial:  Juan Antonio Carbajo y Francis Pachá
Guion del vídeo:  Javier A. Fernández y Marta Villena / Realización: Quique Oñate y Paula D. Molero / Edición: Paula D. Molero / Grafismo: Gabriel Contreras / Director de fotografía: Manuel del Moral / Operadora de cámara: María Page / Ayudante de cámara: Bea García de Carellán / Sonido directo: Harut Hovhannisyan / Posproducción de sonido: Christian Aira / Operador de prompter: Jose Manuel Lastra / Maquillaje y peluquería: Mimí Camelo / Producción: Paloma Oliveira / Ayudante de producción: Asha Martínez
Desarrollo:  Rodolfo Mata
Diseño:  Juan Mayordomo
Coordinación de diseño: Adolfo Domenech 

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