Jaime Cantizano explica en el capítulo 1 de 'Acertar con energía' cómo son los gases renovables que protagonizarán la transición energética.

El combustible del futuro que se cocina con ingredientes del presente

Los gases renovables se postulan como una alternativa eficaz a las fuentes fósiles. Pero, ¿qué quiere decir eso de renovable? ¿Que se pueden usar una y otra vez? El presentador de radio y televisión Jaime Cantizano te propone en este vídeo interactivo de la serie ‘Acertar con energía’ descubrir cómo van a cambiar nuestras vidas

Javier A. Fernández

El combustible con el que nos calentaremos en el futuro no habrá que buscarlo bajo la tierra o importarlo desde otros continentes. Podrá salir de nuestras granjas, de nuestros vertederos, de nuestras depuradoras, incluso de nuestro plato de comida. De los residuos que se generan en lugares como estos se puede obtener materia prima para fabricar un gas que está llamado a sustituir a los combustibles fósiles. Justo por su origen se llama gas renovable. Con él, se obtiene un doble beneficio: acabar de una manera sostenible con muchos de los residuos que generamos y reducir nuestra dependencia de fuentes de energía del exterior. Este combustible ya se está fabricando en España. En 2020, el 2% del gas consumido en el país fue renovable. Y los planes de empresas energéticas y Administraciones públicas es que la cifra se multiplique por cuatro para 2030.

Hoy existen múltiples formas de obtener gas a partir de renovar otras materias a las que se les da una nueva vida, uno de los principios de la economía circular. Pero dos de estos gases destacan por su calidad y su efectividad: el hidrógeno verde y el biogás.

El primero es un combustible limpio que se genera a partir de agua a la que se aplica una corriente eléctrica para separar las moléculas de hidrógeno de las de oxígeno en un proceso que se conoce como electrólisis. Si, además, esa electricidad proviene de fuentes renovables, como los aerogeneradores o las placas solares, se obtiene un producto 100% ecológico.

Esta tecnología revolucionaria está aún en desarrollo. Uno de sus principales obstáculos es su alto coste, lo que disuade de su adopción a muchas empresas. Para impulsarlo, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha trazado una hoja de ruta para el hidrógeno verde, dentro del Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica de Energías Renovables, Hidrógeno Renovable y Almacenamiento (PERTE ERHA).

Este plan apoya, a través de líneas de financiación, proyectos de empresas españolas para desplegar esta energía en sectores de difícil electrificación, como la industria, la movilidad urbana, el transporte pesado de larga distancia, el ferrocarril y la aviación.

Para 2030, este itinerario proyecta que el 25% del hidrógeno consumido en la industria química y las refinerías provenga del hidrógeno verde y que la adopten, al menos, dos de las líneas de media y larga distancia de tren. También propone que desempeñe un papel clave en el almacenamiento energético, una forma de garantizar el suministro de electricidad cuando se produzcan valles en la producción con renovables, siempre condicionada a la meteorología. En esos momentos, el hidrógeno almacenado podrá usarse para generar electricidad y compensar la caída.

Un gas nuevo que viaja hasta nuestras casas

El gas renovable que ya ofrece resultados palpables es el biogás. A finales de 2020 existían 213 plantas en España que generaban el combustible a partir de diversos tipos de desechos procedentes de la actividad humana, de acuerdo con la Asociación Española del Biogás. Para obtener biogás, los residuos se someten a un proceso biológico conocido como digestión anaerobia. Dentro de un tanque y en ausencia de oxígeno, un batallón de microorganismos los transforma en dos elementos: biogás y digestato, un fertilizante natural, apto para el cultivo.

El gas que se obtiene ya sirve para generar electricidad y calor. Pero no se puede trasladar como el gas natural por las conducciones existentes. Para que eso sea posible hay que transformarlo en biometano, un combustible con un poder energético similar al gas natural, que se logra al someter al biogás a un proceso de refino en el que se elimina el dióxido de carbono (CO₂). Este producto es totalmente compatible con el gas natural que ya llega a nuestras viviendas e industrias a través de los 94.785 kilómetros de redes existentes. También se le puede dar los mismos usos que al tradicional. Sirve para los sistemas de climatización, las calderas o las cocinas. Y ya está inyectándose en la red nacional. En 2021 se introdujo por primera vez biometano producido en una planta de Cerdanyola del Vallès (Barcelona) a partir de residuos de un vertedero cercano.

Las plantas de biogás se sitúan en el entorno de las fuentes de materias primas: vertederos, depuradoras o granjas para tener acceso a los residuos orgánicos, los restos de podas, los lodos o los desechos agrícolas como la paja y los purines de las explotaciones ganaderas. La transformación en biogás de estos últimos, por ejemplo, implica grandes ventajas, ya que se da uso a unos residuos que son muy contaminantes y cuya eliminación tiene un coste alto.

Es, precisamente, en las áreas rurales donde mayor impacto tendrá el desarrollo de la infraestructura para la fabricación de gases renovables. Un hecho que multiplicará las oportunidades de empleo, así como el emprendimiento y la innovación tecnológica, destaca el informe El biogás y el biometano como palanca clave en la descarbonización de la economía española, elaborado por la consultora PwC, Ciemat y Fundación Naturgy. Lo que, a su vez, permitirá la fijación de la población en zonas que no dejan de perder habitantes.

Los planes del Gobierno proponen que para 2030 el 1% del gas consumido a través de la red sea biometano. Un objetivo en el que ya están trabajando seis plantas, aunque hay otras 31 en construcción y 12 más en proyecto, distribuidas por todo el territorio, de acuerdo con Gasnam, una asociación española que fomenta el uso del gas natural y renovable.

Todas esta iniciativas, en definitiva, involucran a empresas de todos los tamaños y autoridades de todos los niveles para buscar alternativas limpias a los combustibles fósiles, fomentar la producción local de energía y, sobre todo, potenciar la economía circular, el modelo de producción y consumo que busca reutilizar y alargar la vida de productos y materias primas.

Un plan para descarbonizar el presente

Planta de generación de biometano en Vila-sana (Lleida).
Planta de generación de biometano en Vila-sana (Lleida).Naturgy

Tres de las seis plantas de generación de biometano que hay en España están operadas por Naturgy. Cada una de ellas utiliza una materia prima diferente. La de Vila-sana (Lleida) se abastece de los purines de la explotación ganadera cercana con el fin de generar biometano como para cubrir el consumo anual de más de 3.000 viviendas e inyectarlo a la red a partir del próximo año.


Esta planta se suma a la que la compañía puso en marcha en 2018 junto a la estación depuradora de aguas residuales de Bens (A Coruña) que proporcionó combustible a los autobuses de una línea local y que ahora investiga la producción de hidrógeno verde. Y a la abierta en 2021 junto al vertedero Elena, en Cerdanyola del Vallès (Barcelona), que el año pasado introdujo en la red nacional por primera vez biometano producido a partir de residuos de este tipo de instalaciones.


La red gasística ya está preparada, no obstante, la compañía contempla actuaciones para optimizar su rendimiento y ampliarla en las áreas en las que se producen estos combustibles. A partir de ahora, además, se facilitará su introducción en la red gracias al sistema de garantías de origen, aprobado por el Gobierno, que permitirá identificar dónde, cuándo y cómo se ha producido el gas renovable y certificar su procedencia.


La energética española está trabajando también en el desarrollo del hidrógeno verde, como parte de su apuesta por el desarrollo de la economía circular y local. Para ello construirá una planta de generación de este gas renovable y una central fotovoltaica para abastecerla en La Robla (León), en el entorno de la central térmica que clausuró en 2020. Un ejemplo claro de las nuevas oportunidades que se pueden generar en zonas afectadas por el cambio de modelo energético. Naturgy planea crear espacios como este, en los que se produce y se consume el gas renovable de forma local, conocidos como valles de hidrógeno, en torno a parques eólicos y fotovoltaicos. Pero también se ha propuesto adoptar la producción a gran escala para extender el consumo de este combustible más allá de estas zonas y avanzar hacia un futuro descarbonizado.

En la producción de los vídeos de este proyecto hemos generado 0,52 toneladas equivalentes de CO2

¿Cómo se ha calculado? La huella de carbono de este proyecto, es decir, el volumen de dióxido de carbono (CO2), se ha obtenido a partir de la suma de las emisiones que se generaron a lo largo de la jornada de rodaje y las horas de posproducción.

1,2% Posproducción

98,8% Rodaje

56% Desplazamientos

41% Catering

3% Consumo energético

Naturgy compensará el CO2 liberado a la atmósfera a través de la iniciativa #BuenaHuella

Créditos

Coordinación editorial: Juan Antonio Carbajo y Francis Pachá
Guion del vídeo: Javier A. Fernández y Marta Villena / Realización: Quique Oñate y Paula D. Molero / Edición: Paula D. Molero / Grafismo: Gabriel Contreras / Director de fotografía: Manuel del Moral / Operadora de cámara: María Page / Ayudante de cámara: Bea García de Carellán / Sonido directo: Harut Hovhannisyan / Posproducción de sonido: Christian Aira / Operador de prompter: Jose Manuel Lastra / Maquillaje y peluquería: Mimí Camelo / Producción: Paloma Oliveira / Ayudante de producción: Asha Martínez
Desarrollo: Rodolfo Mata
Diseño: Juan Mayordomo
Coordinación de diseño: Adolfo Domenech


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