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En colaboración conCAF
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El principal responsable de la sequía inédita en la Amazonia fue el cambio climático, no ‘El Niño’

Un estudio en el que participaron científicos brasileños encontró que este tipo de eventos extremos pueden darse hasta una vez cada 15 años si la temperatura de la Tierra sigue en aumento

Lake Piranha in Manacapuru Brazil
Un pescador a bordo de su bote mientras navega cerca de miles de peces muertos varados en las orillas del lago Piraña, en Manacapuru (Brasil), el 27 de septiembre de 2023.Edmar Barros (AP)

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La sequía inédita que vivió la Amazonia el año pasado hizo que se registraran los niveles más bajos de los ríos en 120 años. Manaos y otras 20 ciudades de Brasil tuvieron que declarar estado de emergencia por la poca disponibilidad de agua, y la región del lago Tefé se hizo famosa a nivel mundial porque allí flotaron muertos más de 110 delfines. Una catástrofe climática. Varias aldeas quedaron incomunicadas, pues se secaron los ríos que usan como vías de transporte, y en otros países como Perú y Colombia hubo alertas por la mortandad de peces por las altas temperaturas.

En aquel momento surgió la pregunta de qué tanto tenían que ver el fenómeno de El Niño y el cambio climático en este evento extremo. ¿A quién culpar? La sospecha entonces era que a ambos. Ahora, un reciente estudio elaborado por la iniciativa World Weather Attribution (WWA), en el que participaron científicos de Brasil, Países Bajos, Reino Unido y Estados Unidos, da una respuesta certera: fue el cambio climático, y no El Niño, el principal causante de la excepcional sequía que se vivió en la cuenca del Amazonas durante junio y noviembre de 2023.

La brasileña Regina Rodrigues, profesora de la Universidade Federal de Santa Catarina y una de las coautoras del estudio, explica que la definición de una sequía implica varios elementos. Está la sequía meteorológica, por ejemplo, en la que únicamente se tiene en cuenta la baja precipitación o la falta de lluvias para analizarla. “En este caso, encontramos que tanto El Niño como el cambio climático jugaron un rol en la sequía del Amazonas, algo así como un 50% y 50%”. Pero también está lo que se conoce como la sequía agrícola, en la que, además de la precipitación, se tiene en cuenta la evotranspiración. “Si hay mucha evaporación, el clima será más seco. Y como la evaporación está muy relacionada a las altas temperaturas, bajo esta definición de sequía sí encontramos que fue el cambio climático el que jugó un mayor rol”, asegura la experta. “En un clima más frío, que una sequía así se diera, sería extremadamente raro”, apuntan los investigadores.

El estudio, como unos 50 más que ha realizado WWA para conocer cómo influyó el cambio climático en la intensidad y la probabilidad de un fenómeno extremo, usa una metodología que ha sido revisada por pares y que es aplicada en cada ocasión para el evento que se está analizando. En palabras muy cortas – cuenta Rodrigues – lo que se hace es un modelamiento viendo qué pasaría con un fenómeno (como la sequía) si jamás se hubiesen emitido las cantidades de toneladas de CO2 que han llegado a la atmósfera desde la era preindustrial. “Después, comparamos estos datos estadísticamente con lo que vemos ahora e, incluso, con el clima futuro”, explica.

Así, por ejemplo, llegaron a la conclusión que, con el clima actual, la probabilidad de que se dé una sequía meteorológica así en el Amazonas es de 1 cada 100 años, mientras que para la sequía agrícola el escenario cambia a 1 cada 50 años. Sin embargo, bajo un posible clima en el que la temperatura promedio del planeta no aumente más de 2°C comparado a niveles preindustriales (el plan B del Acuerdo de París, que tiene como meta no pasar de 1,5°C), la probabilidad de tener una sequía meteorológica en el Amazonas pasaría a ser de 1 cada 30 años aproximadamente, mientras que para la sequía agrícola el riesgo de repetirla es de 1 cada 10 ó 15 años. En pocas palabras, serían escenarios más frecuentes y probables frente a un planeta más caliente.

Se trata de un llamado de alerta para que los países que son parte de la Amazonia se preparen para un futuro que cada vez es menos incierto y, en cambio, nos da pistas de que efectivamente lo que viviremos será más extremo.

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