Los niños de Gaza “se han dado cuenta de que sus padres ya no pueden protegerlos de las bombas y del hambre”

James Elder, portavoz de Unicef, alerta desde la Franja del deterioro vertiginoso de la situación humanitaria, que se dirige hacia una hambruna inminente, y describe las penosas condiciones de vida de los niños, cada vez más demacrados y desamparados

Una madre palestina tiene en brazos a su hija, Israa, que es cuadripléjica y sufre una severa malnutrición, en el centro de salud de al-Awda, en la ciudad de Rafah, en el sur de la franja de Gaza, el 12 de marzo de 2024Mohammed Salem (REUTERS)

Un niño sucio y despeinado, que no llega a los 10 años, recoge a puñados pasta y alubias mezcladas con tierra, polvo y restos de plástico, en un campo cercano a la ciudad de Gaza, tras el paso de uno de los aviones que lanza alimentos sobre la Franja. Hay paquetes que llegan enteros al suelo y otros que explotan al contacto con la tierra y su contenido termina esparcido. Concentrado y ajeno al barullo que le rodea, el pequeño mete rápidamente el botín en su mochila harapienta del colegio, al que no puede ir desde hace cinco meses, y corre hacia el lugar donde está refugiada su familia. Varios videos grabados por periodistas locales muestran desde hace días este tipo de imágenes, reflejo claro de la miseria y del hambre, de las tareas improbables que los niños están asumiendo y de los riesgos que corren cada día para poder comer.

“Están demacrados, flacos, asustados y muy cansados. Y se están muriendo de hambre, de deshidratación y de enfermedades como diarreas”, resume en una entrevista telefónica con este diario James Elder, portavoz de Unicef, que se encuentra actualmente en Gaza. No es la primera vez que entra en la Franja desde octubre, cuando comenzaron los bombardeos israelíes, pero la destrucción física y el deterioro de las condiciones de vida de la gente, sobre todo de los niños, que está percibiendo en estos días le han dejado “abrumado por un terrible sentimiento de pérdida”.

“Llevo 20 años trabajando en la ONU y no he visto semejante nivel de destrucción en ningún lado. La profundidad del horror que se vive en Gaza sobrepasa nuestra capacidad para describirlo”, asegura el portavoz. “En estos días he visto las lágrimas de madres exhaustas y desesperadas, que te agarran la mano y te dicen que no tienen cómo dar comida a sus hijos. Terminas llorando con ellas”, agrega.

Y por encima de todo, subraya el portavoz, está el desamparo de los pequeños. “Cuando un niño o una niña se dan cuenta de que sus padres ya no pueden protegerlos de las bombas y del hambre, algo muy profundo se rompe dentro de ellos. Eso es lo que está pasando en las familias de Gaza y se lee en la mirada de los niños”, describe Elder, desde Rafah, en el sur de este territorio palestino, al que no se permite la entrada de periodistas extranjeros.

Unicef considera que todos los hogares de Gaza están saltándose comidas diariamente y que los adultos están reduciendo sus raciones para que los niños y niñas puedan comer. En el norte de la Franja, la desnutrición aguda se ha duplicado en un mes y a afecta a uno de cada tres pequeños menores de dos años. En Rafah, por donde entra la escasa ayuda humanitaria que recibe Gaza, este porcentaje baja al 10%, según datos de esta agencia de la ONU, que calcula que al menos 23 niños y niñas murieron en Gaza debido a desnutrición y deshidratación en las últimas semanas. Cifras del ministerio de la Salud en Gaza, controlado por el movimiento islamista palestino Hamás, eleva este trágico balance a más de 30 niños.


Hablar de hambruna, ahora o dentro de algunas semanas, tal vez tenga sentido desde un punto de vista político, pero para los niños de Gaza no existe la menor diferencia.
James Elder, Unicef

“En el norte de la Franja, las escenas son desgarradoras. En el hospital que pudimos visitar el jueves, Kamal Adwan, hay casos gravísimos de niños desnutridos que no sabemos realmente si estarán todavía ahí mañana. Las madres y las abuelas no se separan de su lado y no dejan de llorar. Las incubadoras están llenas de bebés y hay madres dando a luz de manera prematura debido al estrés de la guerra. Es desesperante”, cita. Según las últimas cifras de la ONU solo 12 de los 36 hospitales de Gaza están funcionando parcialmente.

Centenares de camiones

El pasado lunes, la última Clasificación Integrada de las Fases (CIF, en español, IPC, en inglés), una herramienta independiente y mundialmente reconocida que mide la seguridad alimentaria y la nutrición y en la que participan varias organizaciones de la ONU, entre ellas Unicef, alertó de que el 50% de los 2,2 millones de habitantes de Gaza se enfrenta a una falta extrema de acceso a los alimentos. El análisis concluyó que la hambruna en el norte del territorio es “inminente” y llegará de aquí a mayo si nada cambia, aunque hay datos que indican que podría estar ya produciéndose.

“Hablar de hambruna, ahora o dentro de algunas semanas, tal vez tenga sentido desde un punto de vista político, pero para los niños de Gaza no existe la menor diferencia. Aquí la gente está muriendo de hambre, los niños se están muriendo de hambre, y esto se debe a decisiones de quienes ostentan el poder”, denuncia Elder.

El inconfundible ruido de fondo de los drones israelíes no desaparece en ningún momento de la entrevista. “Es así día y noche. Es una tortura también para los niños, que saben que esos drones los pueden matar en cualquier momento”, dice.

El experimentado portavoz, que acaba de estar recientemente en Sudán, devastado por el conflicto, y donde alrededor del 40% de la población, es decir, 19 millones de personas, se enfrenta ya a un hambre aguda, se niega a comparar tragedias. Pero insiste en que Gaza es un caso sin precedentes. “En términos de porcentaje de la población que pasa hambre y del periodo de tiempo tan corto en que esto ha sucedido, es algo nunca visto desde que comenzaron a hacerse los estudios de la CIF hace 20 años. Además, en este caso, centenares de camiones llenos de alimentos, medicinas y productos de primera necesidad están a 10 kilómetros de donde estoy yo ahora”, al otro lado de la frontera, en el lado egipcio del paso de Rafah, recalca.

Centenares de camiones. Los he visto hace unos días con mis propios ojos. Esto da otro cariz a esta crisis”, insiste. “En Gaza se están batiendo los más tristes récords de oscuridad de la humanidad: porcentaje de la población pasando hambre, número de bombardeos, magnitud de la devastación de las infraestructuras, número de personas que han perdido a un ser querido...”, agrega.

Habitantes de Gaza, entre ellos varios niños, en una distribución gratuita de comida en Jabalia, en el norte de la Franja, el 19 de marzo de 2024.Mahmoud Issa (REUTERS)

Según el análisis de la CIF, todo el mundo en Gaza pasa hambre en estos momentos. Esta semana, el alto representante para Asuntos Exteriores de la UE, Josep Borrell, acusó a Israel de ser responsable de una “hambruna” en Gaza y de usarla como “arma de guerra”. Israel lanzó una ofensiva militar contra la Franja tras el ataque de milicianos de Hamás, que gobierna de facto en Gaza, que el 7 de octubre mataron a unas 1.200 personas y tomaron como rehenes a 250, tras infiltrarse en territorio israelí, según cifras oficiales. La respuesta militar contra Gaza ha provocado más de 31.000 muertos, la mayoría de ellos mujeres y niños, según cifras del Ministerio de Sanidad palestino.

Si los niños no han llegado a esa fase de desnutrición aguda en la que los órganos se deterioran, en dos o tres semanas se puede borrar mucho de lo que les está sucediendo ahora.
Ana Islas Ramos, FAO

Secuelas de por vida

La mitad de la población de la Franja es menor de edad. Estos niños no tienen acceso a suplementos alimenticios ni en muchos casos a una atención médica básica. Ana Islas Ramos, experta en nutrición de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que también participa en la clasificación de la inseguridad alimentaria publicada esta semana, explica que cuando un adulto se encuentra en una situación de inanición, cuando no tiene nada que comer, puede sobrevivir unos 70 días, pero los niños son más vulnerables por estar en pleno crecimiento, y “llegan a fases de desnutrición graves mucho antes”. “Depende de sus reservas anteriores, pero en dos o tres semanas ya llegan a una desnutrición grave”, calcula, en una entrevista con este diario.

Antes de octubre, dos tercios de la población de Gaza recibía ayuda humanitaria para poder comer, en forma de alimentos o de subvenciones. La desnutrición infantil aguda en este territorio sometido a un bloqueo israelí desde 2007 no llegaba al 1%.

“Cuando empieza a no haber alimentos, se empiezan a usar reservas de grasa, que pueden durar más o menos un mes, después se utilizan las reservas de proteínas, y ahí comenzamos a comernos nuestro propio cuerpo. Eso es la desnutrición aguda grave. Los niños se quedan aletargados, el cerebro no se desarrolla porque no hay suficiente energía y esas secuelas sí pueden durar para siempre”, detalla.

Según las últimas cifras de la ONU solo 12 de los 36 hospitales de Gaza están funcionando parcialmente. Desde el inicio de la guerra, se han registrado 300.000 casos de infecciones respiratorias y 200.000 casos de diarrea aguda, potencialmente mortales.

Desde el inicio de la guerra, se han registrado 300.000 casos de infecciones respiratorias y 200.000 casos de diarrea aguda, potencialmente mortales si llegan a un cuerpo debilitado por el hambre, según cifras del ministerio de Salud gazatí. “Es un círculo vicioso. Los niños comen desesperados lo que encuentran, sea o no salubre, tengan o no las manos limpias. Como están débiles, su sistema inmunitario está bajo y enferman. Esas diarreas provocan una deshidratación y una desnutrición aún más severas”, explica Islas.

Si hubiera un alto el fuego esta noche en Gaza, la recuperación física de estos pequeños puede ser rápida, gracias a complementos que se les puede administrar si la ayuda humanitaria entra sin límites y se restauran los servicios de atención médica en la Franja. “Si los niños no han llegado a esa fase de desnutrición aguda en la que los órganos se deterioran, en dos o tres semanas se puede borrar mucho de lo que les está sucediendo ahora”, afirma Islas. “Preocupan más los bebés, porque con dos o tres meses de vida, las semanas sin una alimentación correcta es mucho tiempo para ellos”.

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