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Johnny Rotten, ‘one point’

Uno ya ha visto lo suficiente como para no extrañarse de nada, ni siquiera que el antiguo cantante de los Sex Pistols aspire a representar a Irlanda en Eurovisión

El cantante John Lydon, también conocido como Johnny Rotten, en una imagen tomada en octubre de 2000 en Nueva York.
El cantante John Lydon, también conocido como Johnny Rotten, en una imagen tomada en octubre de 2000 en Nueva York.Bill Tompkins (Getty Images)

En un primer momento, pensé que se trataba de la última provocación de uno de los adalides del punk. John Lydon, alias Johnny Rotten, 66 tacos, excantante (es un decir) de Sex Pistols, aspira a representar a Irlanda en la próxima edición del Festival de la Canción de Eurovisión, que se celebrará en Liverpool el próximo mes de mayo. Johnny competirá en igualdad de oportunidades, a principios de febrero, con otros cinco candidatos. Lo hará interpretando una balada suave que es algo así como un himno a su mujer, Nora Forster, aquejada de alzhéimer. Este detalle imprime a la iniciativa de Johnny un punto de humanidad que desaconseja la burla fácil. A mí me parece de todo punto respetable, por más que no me encaja con aquel chaval de mirada torva, malhablado, enemigo feroz de las normas, no digamos de las buenas maneras; un punki que vociferaba: No future y que, sin embargo, se las ingenió, a diferencia de otros de su cuerda, para llegar vivo a nuestros días y mantenerse en el negocio.

Uno ya ha visto lo suficiente como para no extrañarse de nada. Es cosa demostrable que la rebeldía permanente implica una forma de acomodo social, tras la cual se esconde a menudo un sólido núcleo de conservadurismo. Para demoler se necesita que otros construyan, lo que genera dependencia respecto al orden que se pretende subvertir. Andando los años, el gamberro patibulario, hoy dueño de una colección de pasaportes (es británico, irlandés y estadounidense), dio en simpatizar con Donald Trump y apoyar el Brexit. Y es que las transformaciones de calado no las promueve la acción inicial, negativa y tantas veces pueril de la rebeldía, sino aquella otra posterior, que induce al verdadero rebelde a colocar algo afirmativo o provechoso en el hueco dejado por la negación. Pero para saber esto había que leer a Camus y no parece que Johnny estuviese por la tarea.

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