COLUMNA
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Elisa y sus verdades a Ayuso

Sin acciones como las de esta maravillosa mujer joven, que se atrevió a hablarle sin tapujos a la presidenta madrileña, el futuro se queda en suspenso y solo podemos optar a conservar los restos del naufragio

Elisa Lozano Triviño, durante su intervención en la Facultad de Ciencias de la Información.
Elisa Lozano Triviño, durante su intervención en la Facultad de Ciencias de la Información.GABRIEL BRAVO

He escrito para este periódico textos dedicados a mujeres y hombres ilustres que merecían una página. Por significar mucho para mucha gente. Por contar la realidad mejor que nadie. Por haber ganado el Premio Nobel, o por haber fallecido y habernos sumido en la desolación: Chirbes, Ernaux, Lessing, Almudena Grandes… Personas con radiante nombre propio que protagonizan un análisis o una evocación. Hoy, sin embargo, merece un elogio escrito una mujer joven, que aún no tiene un nombre radiante, pero que quizá lo tenga pronto. Porque ha demostrado ser lúcida y valiente, dos atributos nada comunes. Elisa Lozano Triviño, mejor alumna de su promoción en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, se ha atrevido, subida a la palestra, con un auditorio elegido para halagar a Isabel Díaz Ayuso, con un auditorio en contra y ante la propia presidenta, a decir verdades como puños y a solidarizarse con los compañeros y compañeras que protestaban, rodeados de coches de policía, sobrevolados por un helicóptero cuya misión era proteger a la política. El día de fiesta de Elisa Lozano Triviño, galardonada por sus méritos, se había transformado en un día triste, de luto, para una ciudadanía que asiste a la degradación de sus servicios públicos y a la devaluación de su vida cotidiana. Un Madrid sin Atención Primaria, un Madrid de propinas para camareros y camareras, un Madrid en el que “se empieza autorizando la creación de más universidades privadas, se deriva dinero para ellas, se ahoga a la pública detrayéndole estos fondos para generar agujeros económicos que influyen en la calidad y el prestigio de su docencia e investigación… Por último, Ayuso provoca su propio nombramiento como alumna ilustre para acabar de desprestigiar a la institución”. En el análisis del doctor en Filología italiana Manuel Gil Rovira, persona vinculada a la Complutense por genética y afectos, hay un chiste y una gran verdad. El proceso descrito se parece mucho al que ahora motiva la protesta y la huelga de los profesionales de la salud en Madrid.

Yo estudié en la Complutense y viví las protestas y manifestaciones contra las subidas de las tasas a finales de la década de los ochenta. Una estudiante fue herida de bala. La policía rebasó los límites de la universidad para reprimir a las personas que nos atrincherábamos allí. La acción del decano de la Facultad de Geografía e Historia, Dr. Estébanez, expulsó a las fuerzas del orden de un lugar en el que no deberían haber entrado con sus porras en ristre. Entonces, nos enorgullecimos de pertenecer al alumnado de la institución y de contar con decanos, tan buenos, coherentes y sensatos, como lo era Estébanez. Hoy, yo, igual que Elisa Lozano Triviño, no me siento orgullosa y estoy de luto. Sin embargo, ella esta mañana ha logrado conmoverme y movilizarme. Hacerme sentir extraordinariamente orgullosa de una mujer joven, lúcida y valiente, que se ha atrevido a enfrentarse a la realidad en condiciones adversas reforzando el prestigio de una universidad cuyo nombre se opaca con el nombramiento de hoy. Espero que la Complutense sea más Elisa Lozano Triviño que Isabel Díaz Ayuso. Yo no me habría atrevido a hacer lo que Elisa Lozano Triviño ha hecho. Habría pensado en mi futuro y en mi integridad física. Pero, sin acciones como las de esta maravillosa mujer joven, el futuro se queda en suspenso y solo podemos optar a conservar los restos del naufragio. Elisa me ha devuelto parte de la esperanza y, desde aquí, yo, como madrileña, estudiante complutense y mujer con voz pública, se lo quiero agradecer.

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Sobre la firma

Marta Sanz

Es escritora. Desde 1995, fecha de publicación de 'El frío', ha escrito narrativa, poesía y ensayo, y obtenido numerosos premios. Actualmente publica con la editorial Anagrama. Sus dos últimos títulos son 'pequeñas mujeres rojas' y 'Parte de mí'. Colabora con EL PAÍS, Hoy por hoy y da clase en la Escuela de escritores de Madrid.

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