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De Járkov a Oviedo: una nueva vida gracias al fútbol

El ucranio Kirill Romanchenko, de 15 años, cruzó Europa en coche junto a su familia huyendo de la guerra. Gracias al Real Oviedo y al portero del Real Madrid Andriy Lunin, este joven puede seguir persiguiendo sus sueños

Es lunes por la tarde y toca entrenamiento del equipo cadete del Real Oviedo. A las instalaciones deportivas a las afueras de la capital asturiana llega Kirill Romanchenko (15 años, Járkov, Ucrania), el joven que defiende la meta de los canteranos carbayones. Su casi metro ochenta de estatura y sus anchos hombros despistan, parece que bajo el abrigo del club se esconde un hombre adulto, pero cuando Kirill se quita la capucha y la luz ilumina su cara, se puede ver el rostro aniñado del adolescente que realmente es. El mismo niño que hace unos pocos meses, escondido junto a su familia en un sótano de su ciudad natal, le pedía a su madre que huyeran del país asolado por la guerra.

Marzo de 2022. Tras pasar una semana encerrados y en cuanto los ruidos de aviones y ataques cesaron, Kirill, su madre y su abuela no se lo pensaron más. Metieron lo que pudieron en un pequeño coche, recogieron a su gata y decidieron poner rumbo a España, el cuarto país europeo con mayor diáspora de ucranios y uno de los que más rápido se movilizaron para acoger a refugiados tras la invasión rusa.

Por delante, más de 4.000 kilómetros de viaje. Cuatro días para cruzar de este a oeste Ucrania a través de carreteras colapsadas por miles de personas con las mismas intenciones de abandonar el país lo antes posible. La incertidumbre de si conseguirían finalmente cruzar la frontera hacia Polonia disparaba el miedo, recuerda ahora Kirill. Por fin, en terreno comunitario, necesitaron otros cinco días más para atravesar Polonia, Alemania y Francia. Su destino era Valencia, pero una llamada en medio del viaje lo cambió.

“Nos llamó Andriy Lunin, el portero del Real Madrid que había jugado en el mismo equipo de Kirill, el Metalist Járkov. El entrenador del equipo sabía que íbamos hacia España y Lunin nos comentó que en Oviedo nos esperaban con los brazos abiertos”, cuenta la madre de Kirill, Kateryna Romanchenko (Járkov, 38 años), licenciada en Psicología y manicura de profesión en su país. El portero madridista, internacional ucranio que jugó cedido en el Real Oviedo en la temporada 2019/2020, recibió una llamada del club carbayón, que ponía varios alojamientos en su residencia de jugadores a disposición de ciudadanos ucranios que lo necesitasen. La idea era localizar a alguna familia que pretendiese salir del país y, sobre todo, en las que hubiera menores. El guardameta les pidió que acogiesen a la familia del joven Kirill, que ya estaban camino de España.

Kirill está ansioso por empezar a entrenar. Mira de reojo los balones mientras el entrenador de porteros de la cantera del Oviedo, Daniel Toimil, da instrucciones sobre los ejercicios que realizarán en esta sesión. Acabada la explicación, el joven se enfunda los guantes de su héroe futbolístico, el portero del Real Madrid Andriy Lunin, ahora también héroe de su vida.


1. Kirill y su madre en su ciudad natal Járkov hace cinco años. En la actualidad viven, junto a la abuela del joven, en Oviedo. 2. De portero, junto a sus compañeros del Metalist Jarkov, el mismo club en el que comenzó Andriy Lunin. 3. Kirill vive en la residencia del Oviedo junto a otros jóvenes del club y del Programa de Formación Internacional. 4. A su llegada a la residencia de la Fundación Real Oviedo. FOTOS CEDIDAS

Los Romanchenko fueron los primeros en llegar a la capital del Principado, pero no fueron los únicos. La Fundación Real Oviedo –la entidad que canaliza la labor social del club desde hace tres años– acogió a dos familias más en sus instalaciones. Incluso viajaron en coche hasta la frontera oeste de Ucrania a recoger a una de ellas, “en un trayecto de casi 48 horas de ida, sin parar, y con la incertidumbre de no saber si uno de los miembros de la familia podría finalmente abandonar el país”, recuerda César Martín, exjugador del Oviedo y otros clubes españoles, y hoy director de la Fundación, quien realizó aquel viaje.

La Fundación Real Oviedo también ha facilitado a estas familias ucranias el acceso a puestos de trabajo y cursos de castellano. Desde hace unos meses, Kateryna Romanchenko trabaja como cocinera en un centro de menores y vive junto a su madre, Natalia Romanchenko, en un piso también facilitado por la organización en el barrio ovetense de Otero. Su hijo vive en la residencia junto a otros jugadores internacionales del Programa de Formación del Real Oviedo.

“Todas las familias que han llegado aquí han demostrado una valentía tremenda, y especialmente los menores como Kirill. Hay que tener mucha madurez para dejar todo atrás y adaptarse a una nueva vida en tan poco tiempo. Él lo ha hecho, en parte, gracias a este deporte”, señala Martín.

“Vamos, Kirill, rectifica ese pie. Dale, ¡muy bien!”, le anima el entrenador de porteros. “Do you understand? (¿Entiendes?)”, le pregunta. El joven asiente, se va desenvolviendo cada vez mejor con el castellano, pero el cuerpo técnico y los compañeros le hablan también en inglés para que pueda comprender todo.

Desde el club celebran la buena acogida que el vestuario ha tenido con Kirill. “Ya hablamos con el equipo previamente, les pedimos que se pusieran en su lugar: ‘Imaginad que tenéis que empezar de nuevo en otro país casi de la noche a la mañana´. Es un grupo muy bueno, que ha respondido magníficamente, y él también se ha adaptado a la perfección, es un chico muy humilde, trabajador y buen compañero”, apunta su entrenador, Marcos Martínez.

Como futbolista, Kirill también recibe elogios de su técnico que lo describe como “un portero valiente y atrevido”. “Tiene que dar más indicaciones como guardameta, pero ya le vemos que se va soltando y poco a poco ayuda a sus compañeros desde la portería”, añade.

Los sonidos sobre el césped

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Kirill recaló en el Cadete A del Real Oviedo el pasado verano. Juegan en la liga autonómica, donde su máximo rival es el Real Sporting de Gijón.

Kirill vive junto a otros jugadores del club en la residencia de la Fundación Real Oviedo, en el centro de la capital asturiana, y entrena cuatro veces por semana. Su entrenador, Marcos Martínez, está muy orgulloso de la acogida del equipo.

El joven guardameta ucranio se alterna la portería con su compañero Pelayo. Daniel Toimil, el entrenador de porteros de la cantera del Real Oviedo, destaca de Kirill su temple bajo los palos.

Por supuesto, el joven portero ucranio se mira en su compatriota Andriy Lunin, pero también en Quentin Braat, el francés que defiende esta temporada la meta del Oviedo. Kirill no se pierde ni un partido en casa del primer equipo, se ha convertido en el hincha más fiel y sueña con ponerse un día bajo los palos del Carlos Tartiere.

Tanto él como su madre están plenamente adaptados a la ciudad, de la que ya habían oído hablar gracias al corto pero intenso periplo de Lunin en el equipo carbayón. El meta ayudó a salvar al conjunto del descenso a Segunda División B en aquella atípica temporada marcada por la pandemia. “Oviedo es muy diferente de Járkov, es más pequeña y manejable, y rodeada de naturaleza, nos gusta vivir aquí”, afirma Kateryna Romanchenko.

Ella prefiere que su hijo se acostumbre a España porque no está segura de que vayan a regresar si algún día termina la guerra en su país. “No, al menos a Járkov”, situada a escasos 30 kilómetros de la frontera rusa. Aun así, Kirill sigue completando los estudios reglamentarios de Ucrania a distancia, a la vez que estudia 4º de ESO en un programa de adaptación del centro asturiano IES Pando.

Tampoco olvida a sus amigos ucranios con los que habla por videollamada y comparte constantemente videos de TikTok, “de fútbol, por supuesto”, recalca su madre. Mientras disfruta de su nueva vida, Kirill recuerda la pasada con nostalgia: “En el Oviedo llevo el dorsal 13, pero en el Metalist llevaba el 84″. ¿Por qué? “Por el año de nacimiento de mi madre, y por el día de mi nacimiento, el 8 de abril”, contesta. El último cumpleaños ya lo pasó en Oviedo y desde el club, donde están encantados de tenerle, esperan que sea el primero de muchos más entre sus filas.

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